La raza de los Serafines comenzó a existir al mismo tiempo
en que surgieron los humanos. Provinieron de la misma especie, pero, con el
pasar del tiempo, terminaron siendo diferentes. Sus uñas largas y gruesas eran
usadas para asesinar a cualquiera que se interpusiera en su paso, sus orejas
puntiagudas eran usadas para escuchar muy lejos, el tatuaje de tres curvas que
vino con ellos en su nacimiento les daba el poder de leer mentes y ver el
futuro, eran muy inteligentes. Algo parecidos, pero a la vez, muy diferentes a
los humanos físicamente.
Por poco tiempo, veían luz, tanto para ellos como para
todos. Veían un lugar donde las únicas guerras eran la de los humanos, no había
nada por lo que temer.
Mucho tiempo después, comenzaron a ocurrir cosas, cada vez
que aparecía un eclipse, ellos se incomodaban y no entendían el por qué, hasta
que, uno de ellos se los quedó viendo con fijeza y tuvo una visión:
Ella, Julmeis, se convertiría en el Eclipse. Esos cinco
seres provenientes de esa maldición acabarían con todo, se adueñarían de todos
y esclavizarían al mundo. Pero vio algo más, algo mucho más peligroso. Peor
incluso que esa chica y esos cinco monstruos...
Así que Emilson, el Rey de los Serafines, convocó una
reunión con los demás Serafines y les habló del futuro, todos vieron dentro de
su mente, todos confirmaron que era cierto, y fue así como comenzó la cacería.
Ella no debía convertirse en Eclipse, porque si eso llegaba
a pasar, todo el mundo, tanto humanos como criaturas desconocidas, estarían en
gran peligro.
Pero ya era muy tarde.
La chica se convirtió en el Eclipse en el momento en el que
había cedido a vengar la muerte de su padre.
Ella desapareció, y en cambio, en el momento en el que lo
hizo, unos ruidos extraños pusieron en alerta a los dos Serafines que fueron en
busca de Julmeis, y quienes ya habían pedido refuerzos de manera telepática a
sus demás compañeros.
Un hombre apareció y en su mano tenía un pedazo de carne de
la cual chupaba sangre descontroladamente. Ellos lo conocían, era un hombre que
vivía en una de las seis chozas por las que pasaron hace cuarenta días, solo
que esta vez había algo diferente en él. Se veía desesperado, más corpulento y
su piel era más pálida de lo normal.
Tan solo hizo falta que el hombre escuchara el crujido de
una rama partirse para ponerse alerta y sonreír de manera maquiavélica.
—¿Axel? ¿Fabio? —preguntó uno de los tantos refuerzos que
habían llegado.
Su grave error fue no ser sigilosos, ni rápidos, como sí lo
eran esos cinco nuevos seres que gustosos los estaban esperando.
Comenzó una batalla de gritos, sangre, desesperación y
desesperanza.
Todos los Serafines fallecieron a mano de éstos hombres,
Bestias que acaban de ser creadas.
Día a día buscaban, cazaban y sometían a cada ser de orejas
puntiagudas porque esa era su misión, la cual se completó, excepto por una
parte...
Las cinco criaturas fueron llamadas ''Los
Antiguos'' debido a que pasaban días y noches, y todos envejecían,
excepto ellos, quienes se hacían más fuertes y repulsivos. Mientras más pasaba
el tiempo, más sed de sangre tenían. Se alimentaban de animales y personas,
pero no era suficiente, por lo que asesinaban a sangre fría, y, mientras más lo
hacían, más les gustaba realizar tales actos impuros, por lo que, de esta
manera, la otra parte de la misión no se completó.
Cada uno de esos seres eran una parte del alma de la chica,
quien ahora era el Eclipse y se suponía que, durante un milenio, estos seres
debían cumplir su misión y luego volverse buenos y puros, ayudar a todos para
que, de esa manera, cuando el eclipse volviera a darse dentro de mil años, la
chica regresara y todo acabara, pero no fue así.
Al llegar el milenio ellos eran destructivos, despiadados y
sanguinarios, motivo por el cual, cuando finalmente llegó nuevamente el
Eclipse, Julmeis quedó atrapada en él.
Nunca más podría salir...
No, a menos que se cumpla la misión, la profecía.
En cada milenio los cinco Antiguos mueren y cinco nuevos
reemplazan su lugar.
Lo que ellos nunca supieron es que el Serafín que vio el
futuro, el Rey Emilson, ya no quería destruir al Eclipse y mucho menos a sus
cinco Antiguos porque si algo tenía muy en claro, era que, sin importar lo
aterradores que ellos eran en la actualidad, nada sería peor que lo que se
venía para el futuro.
La verdadera amenaza y el verdadero terror llegarían, y ese
nuevo ser nacería a causa de una nueva y reciente profecía que auguraba cosas
peores, mucho peores.
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