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''Ella quiere llevarme al infierno sin saber que yo soy el diablo, dueño y amo de las calles infernales'' - Ecain Akerson.

lunes, 16 de enero de 2023

Parte 1 - Inicio

 

—No vas a lograrlo —aquel hombre de ojos llameantes como el sol explosivo estiró su espada forjada en hierro, dada por un extraño serafín que apareció de la nada y se la entregó recalcándole que esta era su misión —. No las salvarás. Debo asesinarlas antes de que nazca, y para hacerlo, también debo matar a la mujer a la que amas.

Eran tiempo difíciles, todo lo que se veía eran guerras por todos lados, hombres con tropas buscando colonizar tierras donde montaban improvisadas carpas. No había templos, ni grandes chozas o aldeas, aún las personas aprendían a comunicarse, o buscar soluciones para su día a día. Trataban de subsistir.

—Eras una buena persona..., ¿qué fue lo que te ocurrió? —Denton decía mientras retrocedía. Él no quería lastimar a Jacinto, ese ser con el que había estado desde pequeño corriendo por desiertos y bosques mientras se ayudaban el uno al otro a combatir el mundo de animales peligrosos y buscaban refugios, cuevas, pequeños cerros donde esconderse de otros humanos crueles que mataban sin piedad y se comían entre ellos —. ¿Por qué le quieres hacer daño a quien lleva a un ser con mi sangre en ella?

—Porque así debe ser —Jacinto repetía lo mismo que había estado diciendo todas las veces anteriores —. Los Serafines vieron el futuro, ellos lo saben, y me han nombrado un Cazador de Bestias.

—¿Qué es lo que saben? ¿Quiénes son ellos?

—Ese ser en su vientre, no es más que una maldición para este desconocido mundo —exclamó—. Y yo, no puedo permitirlo.

La mujer gritaba detrás de ellos adolorida mientras apretaba su bajo vientre sintiendo dolores. Iba a nacer. Su hijo o hija vendría al mundo y ya un lunático en el que siempre habían confiado quería asesinarlo.

—No les harás daño. Tendrás que matarme para llegar hasta ella. — Sentenció Denton estirando esa espada que un día le robó a un hombre que vivía escondido en las colinas y robaba a todo el que pasara por allí. Fue allí cuando nació el dicho de ladrón que roba a ladrón...

—Invoco la fuerza de todos los Serafines y que me den el poder suficiente para acabar contigo. Por voluntad propia no puedo hacerlo, pero en el fondo de mi ser tengo en claro que esto es lo que debe ocurrir — suspiró y le dio una cálida mirada —. Lo siento, viejo amigo —terminó por murmurar y fue allí cuando todo cambió.

El suelo se estremeció en cuanto Jacinto corrió en la búsqueda del otro hombre.

—¡No! —la chica no paraba de gritar tratando de hacerlos entrar en razón y a su vez de tratar de mantener a su hijo dentro de ella. Necesitaba llegar al rio, así que como pudo se levantó y comenzó a caminar hasta allí.

Denton intentaba mantener a Jacinto a raya. Lo atacaba con su espada, pero no habría imaginado ni en mil años que su amigo había obtenido un gran poder al ser nombrado Cazador de Bestias, pues, quien era nombrado de esta manera debía tener la fuerza suficiente como para poder derrotar a absolutamente todos los seres sobrenaturales, mejores conocidos como Bestias.

Denton luchó con toda su fuerza, de hecho, trató de empujar a su viejo amigo por un gran barranco que se encontraba del lado contrario del rio, pero era inútil, su compañero lo empujaba con mucha facilidad, era un experto manejando la espada, y, por si fuera poco, sabía exactamente qué tipo de ataques realizaría, ya que ambos habían practicado desde muy pequeños.

No pasaron más de cinco minutos cuando ya Merlina, la mujer, se encontraba sumergida en un pequeño pozo que estaba al lado del rio. Ella tomaba profundas respiraciones y en ningún momento dejó de mirar al cielo pidiéndole piedad, pidiéndole que todo ya terminara.

Jacinto terminó por quitarle la espada a Denton, quien supo que era su fin, pero ocurrió algo inesperado; Jacinto también lanzo su espada al piso, confiado en que no la necesitaba para acabar con su mejor amigo y luego ir por la mujer y la niña o niño que aún estaba en su vientre. Y sí, él logró desestabilizar y hacer desmayar a su amigo con tan solo dos golpes. Empujó el cuerpo de Denton con su pie hasta dejarlo en el borde del barranco. Ambos miraron sus ojos, pero eso no fue suficiente para Jacinto dejar vivo a su amigo, por lo que dándole un último empujón lo hizo rodar.

El hombre se tomó su tiempo caminando con suma lentitud hacia la mujer que ahora lloraba por haber presenciado todo lo que había había hecho. Apretaba su vientre con fuerza y miedo de que algo le pudiese pasar a la persona que llevaba allí dentro.

Cuando Jacinto llegó, lo primero que dijo fue: —Lo lamento, debo hacerlo.

—No debes, él era tu mejor amigo.

Justo después de decir eso, ella desvió un poco su mirada y sus esperanzas regresaron. Jacinto lo sabía. Sabía que Denton se encontraba detrás de él y no hizo nada por salvarse a sí mismo, solo le interesaba cumplir su misión.

Ambos atacaron al mismo tiempo.

Denton atacó a Jálelo con su espada clavándosela desde su espalda en su corazón, y, Jacinto, a su vez, enterró una pequeña estaca en el vientre de Merlina, quien gritó mientras la vida se iba de ella.

Jacinto cayó dando pequeños espasmos en el suelo mientras fallecía y Denton corrió hacia su amada, quien yacía sin vida. Sin embargo, había ocurrido algo que ninguno había previsto.

Un pequeño ser se alzó en el agua y su padre tuvo que tomarla con rapidez para que no volviera a hundirse y se ahogara.

El hombre lloró, lamentando todo lo que había ocurrido porque en un solo día había perdido a dos seres muy importantes para él, pero también sonrió un poco mientras pegaba a quien ahora notaba que sería una niña de su pecho, pues, había logrado salir del vientre de su madre antes de que ella fuese apuñalada.

—Yo te protegeré —le susurró a la bebé, resguardándola entre sus brazos.


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